La lucha de Miriam

«La mujer es una luchadora nata. Haga lo que haga»

Miriam Gutiérrez, 35 años, casada, madre de dos hijos, jardinera y boxeadora profesional aspirante al título de Campeona de España en superligero. Prefiere los golpes que recibe dentro de un ring a los que la vida pueda darle fuera de este, para los que recibe en el ring se entrena todos los días, para los de fuera no. Y no es de extrañar al verla como encaja los directos de David Arteaga, boxeador y su compañero en el combate durante el entreno, uno tras otro a los que ella responde con más directos, ganchos y algún que otro crochet.

Comienza su particular lucha cada día a las 6 de la mañana con carrera por alguno de los parques de su ciudad, Torrejón de Ardoz. Luego ducha rápida, preparar desayunos y llevar los niños al colegio como tantas madres y padres a diario. Después los parques de la ciudad vuelven a encontrarse con ella pero esta vez no acude a su carrera matutina sino a comenzar su jornada laboral como jardinera, no sabe todavía si le tocara recoger hojas, podar setos o cortar el césped, tampoco importa, su particular forma de afrontar los retos diarios hará del trabajo del día un entreno más.

La clave para que su apretada agenda funcione, es la organización y perfecta compenetración con su marido, el reparto de todas las tareas entre ambos sin las que todo esto no podría ser posible. Presume orgullosa de entenderse a la perfección con su pareja y de que en su casa las desigualdades no existen, aquí los dos trabajan en equipo sin importar que les toca hacer, lavar, planchar, cocinar o limpiar tienen un único fin común, la familia.

Tras el almuerzo, que cuida al detalle para no alejarse de las 140 libras (63,500kg) que exige su categoría de superligero, acude religiosamente al gimnasio 'La escuela de boxeo' en Madrid, en el barrio del Lucero, donde Jero García, su entrenador, manager y amigo, la espera para continuar con la dura preparación para su próximo combate profesional.

Al entrar a La escuela de boxeo, no importa quién seas, como te llames o de donde vengas, se crea una nueva vida y una nueva familia, con sus propias reglas.

Al acabar, sale sin perder un segundo a recoger a su hijo pequeño al que lleva a clases de Judo y mientras lo espera, toma un café y se pone al día con sus redes sociales que desde hace algún tiempo le dan bastante trabajo. También aprovecha para continuar con su formación como coach, donde ya comparte experiencias con ponencias en diferentes e importantes empresas. “Los jefes que me contratan para las ponencias alucinan por como digo las cosas, soy muy clara no me ando con rodeos”. Luego vuelta a casa a la religión de los baños, las cenas y demás protocolos diarios que, cómo no, comparte con su marido. Ya solo espera que toque la campana, para ir a dormir, pero eso no pasa antes de la 1 de la mañana, hasta entonces, termina de ponerse al día con sus estudios de coaching y nutrición.

Se siente en igualdad de condiciones tanto en el trabajo como en su deporte, aunque es consciente de que la realidad de la mujer actualmente es otra, no tan equitativa desgraciadamente, algo que podría terminar si todos, hombres y mujeres, caminaran en una misma dirección a la hora de alzar la voz contra las desigualdades que sufre la mujer. Al menos esa es su receta, no lo duda, la repite continuamente de diferentes maneras, pero al final es lo mismo, no debe existir ninguna distinción en ningún aspecto -ella así lo intenta practicar- “si todos estuviéramos más unidos e hiciéramos piña hombres y mujeres, las cosas irían mejor”.

Miriam nunca tira la toalla, si se marca una meta no para hasta conseguirla dentro y fuera del ring. Es lo que tiene ser mujer, lo que le ha dado la vida por serlo “tirar, tirar y tirar”, aunque a veces parece faltarle el aire y necesite levantar las manos buscando el apoyo de los suyos que siempre están ahí detrás para lo que haga falta. Son su red, su antídoto ante el miedo, parte del secreto del valor para enfrentarse a lo que venga y de pisar hacia delante aún sin ver lo que viene, su motivación para subir a un ring a jugárselo todo y que merezca la pena el tiempo que les quito a los suyos.

“La mujer es luchadora nata haga lo que haga”, lo tiene claro y así lo pone en práctica en todos los ámbitos de su vida. Cuándo habla de violencia de género sabe lo que dice, con tan solo 19 años y embarazada la sufrió en sus carnes, pero una vez más a pesar del duro golpe fuera del ring, no tiró la toalla, volvió a levantarse y superó el trauma boxeando, convirtiéndose en la primera mujer siete veces campeona de España amateur.

Cuando sube al ring, “toca bailar, si bailas bien, no te tocan, pero como bailes mal te van a dar por todos lados”.

Dejó de ser amateur con 95 peleas y con muchas medallas a su espalda tanto a nivel nacional como internacional, tras formar parte del equipo nacional y recorrer medio mundo gracias al boxeo. El deporte de alto rendimiento era incompatible con su vida personal y laboral. Pasó entonces al campo profesional donde se coloca a día de hoy con 4 peleas 2 por KO, y de la mano de Jero García, se sigue preparando duro para luchar por el campeonato de España de los superligero, sin dejar de pensar en el corto plazo en el europeo y el mundial.

“Siempre tiene que haber una persona que rompa esa barrera y diga, hasta aquí hemos llegado, son las mismas condiciones para todo el mundo, sea hombre o sea mujer”.

Esta es la lucha de Miriam Gutiérrez, una campeona dentro y fuera del ring que no pierde la sonrisa ni en los peores momentos, aunque un poco cansada, como todas las mujeres, de tener que hacer evidente lo evidente.

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Coordinación editorial: Rocío Mendoza / Producción visual: Óscar Chamorro y Alejandro Sánchez / Maquetación: Rodrigo Oyanadel y Aldo Trócoli / Desarrollo: Pablo García López